Recientemente, la ministra de Defensa austríaca, Klaudia Tanner, aseguró que existe una alta posibilidad de que se produzca un apagón eléctrico que afecte a todo tipo de servicios, como ordenadores, móviles y luz, tanto en hogares como en negocios. Un apagón que no solo tendría lugar en Austria, sino que se extendería a toda Europa.

De hecho, las Fuerzas Armadas de Austria crearon un vídeo para mostrar a los austriacos cómo debían prepararse ante el gran apagón con el objetivo de alertar del riesgo de un posible corte de suministro energético “en los próximos cinco años”, y que ha desencadenado distintas teorías en medios y redes sociales.

La ministra ha afirmado que es un peligro “subestimado por todos’’ cuando podría tener consecuencias catastróficas. Varios medios, e incluso políticos, están interpretando esta noticia en clave geopolítica, asociada con una posible falta de suministro de gas que genera electricidad en algunos países europeos, como es el caso de España. Vox ya ha pedido en el Congreso la comparecencia del director de Seguridad Nacional, Miguel Ángel Ballesteros, para que informe de si contempla incluir en su estrategia el riesgo de que España pueda sufrir un “gran apagón eléctrico”.

Pero ¿y si el origen de este apagón tiene que ver con la propia naturaleza?

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